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Londres, United Kingdom

martes, 5 de mayo de 2009

Orion

Quiere extenderse por la playa, aún más lejos,
hacia la costa de una nueva vida;
salvarse de este cuello de botella, de este cuerno de escasez que lo subyuga,
cuerno seco con pellejo de gacela.

No importa derramar su sangre con
la punta de una flecha hecha de sílex,
con el diente de la propia vida que responde o-
jo por ojo,
diente
por diente.
Es la misma sangre que decora
los extremos de los gladios el arquero herido saltan-
do tanto tras la caza, como por
delante de las hienas que lo hostigan.

- Sangre cada ciclo de la luna.
- Sangre del color de la arcillosa tierra y la madera.
-
Barcas con un tronco vaciado, o con juncos y con ramas; cuerdas hechas con tendones de animales.

Es el sol el dios que da calor al vivo, el
que retira su fulgor a los que mueren y descienden a la noche.
Hay que ir por tanto a pulso a su morada, a
donde nace,
donde hay caza suficiente.
Sangre y semen para
reordenar las cosas en los vientres,
siempre dirigiéndose hacia oriente,
siempre al este.


Amanecer el el Gran Valle del Rift

2 comentarios:

Álvaro dijo...

Qué fuerza tiene este poema Borja... imágenes sutiles mezcladas con oscuridad y de fondo un ritmo muy cuidado.

He notado un gran cambio respecto a lo que te había leído, y me gusta.

Un abrazo,

Borja Menéndez dijo...

¡Me alegro de que te guste! Lo que habías leído eran poemas antiguos, es normal que hayas visto el cambio. ¡Estoy impaciente por terminar el nuevo libro!

Un abrazo